
Mientras el mundo se empeña en convertir cada rincón del planeta en una franquicia de comida rápida o en un destino de Instagram, Norman Lewis nos lleva en este libro a un lugar donde el tiempo no corre: se detiene a rezar ante una piedra.
Lewis no nos habla del Taj Mahal. Nos lleva a los estados de Bihar y Orissa, a las aldeas de las tribus adivasi. Allí, las piedras no son solo minerales; son entidades vivas, dioses antiguos que exigen respeto y que dictan las leyes de la comunidad.
En la sociedad actual hemos olvidado que el mundo solía estar «encantado». Lewis nos muestra el choque entre los funcionarios indios que quieren «progresar» y unos pueblos que saben que, si mueves esa piedra, el universo se desmorona.
Lo que hace interesante a Lewis es que no es un místico. Es un tipo seco que ve la comedia humana en todas partes. Describe cómo las misiones cristianas o el gobierno intentan «civilizar» a estos grupos, y cómo los grupos responden con una resistencia pasiva, silenciosa y pétrea.
Es el «Pensamiento Salvaje» de Lévi-Strauss puesto en práctica. Ellos no son «atrasados»; simplemente tienen una tecnología diferente: la tecnología de la permanencia. Nosotros construimos rascacielos que duran 50 años; ellos tienen piedras que llevan ahí 5.000.



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