
El Gólem de la Opinión Inmediata es una criatura fascinante y aterradora. No tiene cerebro, solo una glándula hipertrofiada conectada directamente a los dedos. Se alimenta de la «última hora» y sufre de una alergia mortal a la reflexión.
¿Lo habéis visto, lectores y lectoras? Ocurre una tragedia, se publica una ley o un famoso dice una estupidez, y el Gólem nace instantáneamente. No necesita leer el artículo, no necesita conocer el contexto, ni mucho menos la historia. El Gólem necesita tener una posición. Es un monstruo que cree que el silencio es un vacío de poder que debe llenar con su ruido.
Su cuerpo está hecho de prejuicios endurecidos y frases hechas (‘lo que yo digo es…’, ‘está claro que…’, ‘otra vez los mismos…’). Su función biológica es impedir que el pensamiento ocurra. El Gólem es el policía de la complejidad: si un tema tiene matices, el Gólem los aplasta con una opinión de 280 caracteres. Es el hijo predilecto de la Infocracia de Han: un ser que confunde la velocidad con la verdad y la indignación con la inteligencia.



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