
¿Por qué nos sentimos tan solos en un mundo tan conectado? Byung-Chul Han nos da la respuesta: hemos asesinado los rituales. Ya no sabemos celebrar, solo sabemos producir y consumir. La pérdida de lo sagrado nos ha convertido en individuos agotados en un mundo sin alma. Es hora de recuperar el tiempo que no se vende.
Han lo ha vuelto a clavar. Los rituales no eran «costumbres aburridas»; eran la arquitectura del tiempo. Eran gestos colectivos que hacían que el mundo fuera un lugar habitable, un hogar. El ritual crea comunidad sin comunicación, mientras que hoy tenemos comunicación infinita pero cero comunidad.
Hoy vivimos en la presión de la producción. Todo tiene que ser útil, todo tiene que ser rápido, todo tiene que ser explotable. El ritual, en cambio, es «uso sin consumo». Es un tiempo que se detiene, un tiempo sagrado. Al destruir los rituales, hemos convertido la vida en una sucesión frenética de momentos vacíos. Ya no celebramos, solo «consumimos eventos».
Lo más grave es la pérdida de la «forma«. El ritual nos daba una forma, un marco de contención. Sin ellos, el ego se desborda, nos volvemos narcisistas obsesionados con la autenticidad y la autorrealización. Pero esa libertad de «hacer lo que uno quiera» es, según Han, una nueva forma de esclavitud: la esclavitud del rendimiento. Hemos pasado de la comunidad de los que celebran a la soledad de los que producen y se agotan. El mundo se ha vuelto profano, liso y transparente… y por eso mismo, se ha vuelto inhabitable.



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