¿Por qué nada suena si estás solo?

Hubo una vez en el corazón de la selva un rey llamado Hediala. No era un rey de corona de oro y desfiles; era un déspota de los que creen que el mundo es una extensión de su propia sombra. Hediala quería controlar el viento, prohibir el canto de los pájaros y ser el dueño del silencio. Pero, sobre todo, Hediala odiaba no tener la respuesta a todo.
Un día, el rey se enteró de la fama de un anciano cuya sabiduría era tan profunda como las raíces de un baobab. Decidió retarlo, no con armas, sino con una pregunta que creía infalible para demostrar que el sabio era un charlatán.
Hediala llegó ante el anciano, dejó caer un pesado palo de madera dentro de un mortero de cocina vacío y el golpe resonó por toda la aldea. Entonces, con una sonrisa de tiburón, preguntó:
«Dime, viejo sabio: este ruido que acabamos de oír… ¿salió del mortero o salió del palo?»
Si el sabio decía que el ruido era del palo, el rey le mostraría un palo golpeando el aire en silencio. Si decía que era del mortero, le mostraría un mortero vacío y mudo. Era la trampa perfecta de la causalidad única.
El anciano ni siquiera parpadeó. Miró al rey y le dijo: «Gran Hediala, el ruido no sale del palo, ni sale del mortero. El ruido nace del ENCUENTRO entre ambos».

¿Por qué nos importa hoy esta historia? Porque vivimos en la era de los «palos solitarios». Estamos obsesionados con la independencia. La «Teoría Sueca del Amor» que he mencionado en un post anterior es el triunfo del palo que se niega a golpear el mortero para no «molestar» o para no «comprometerse». Queremos ser individuos puros, aislados, autosuficientes.
Pero la lección de Hampaté Bâ es demoledora: La vida es relación o no es nada.
- El amor no es algo que «tengas» tú, es lo que pasa entre dos personas.
- La política no es tu opinión sagrada, es el encuentro (a veces violento) con el que piensa distinto.
- La música de la existencia no está en el instrumento, sino en la fricción.
Concluyendo. Si te aíslas en tu piso de diseño, con tu algoritmo que solo te da la razón y tu independencia blindada, serás un palo perfecto, pulido y brillante… pero estarás condenado al silencio absoluto.
El «ruido» —ese que nos asusta, que nos complica la vida, que nos obliga a negociar— es la única prueba de que estamos vivos. Personalmente prefiero mil veces el estruendo de un encuentro que la paz estéril de un mortero que nunca ha sentido el golpe de la realidad.



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