
Hoy no os traigo un libro, os traigo un espejo de obsidiana. Estos diálogos de 1703 son el origen real de la Ilustración, aunque a los filósofos de peluca empolvada de París les cueste admitirlo. ¡Kondiaronk no era un «buen salvaje» ingenuo; era un estratega mental que dejó a la Europa absolutista en cueros!.
El Barón de Lahontan, un militar francés que huyó de la rigidez de su país, escribió en 1703 «Diálogos curiosos entre el autor y un salvaje de buen criterio que ha viajado» basándose en sus conversaciones reales con Kondiaronk, jefe de los Wyandot (Hurones). Y leed con mucha atención, porque lo que dice este indio hace trescientos años es más moderno que el último hilo de Twitter. Kondiaronk mira a los franceses y no ve «civilización», ve una enfermedad mental colectiva.
Kondiaronk se ríe de nuestra obsesión por la propiedad. Dice que los europeos somos esclavos de nuestras posesiones. «Nosotros no tenemos jueces porque no tenemos propiedades por las que pelearnos«, le espeta a Lahontan. Para él, el dinero es el demonio que nos obliga a mentir, traicionar y vivir con miedo.
El indio le hace una pregunta demoledora al barón: «¿Cómo es posible que seáis tan civilizados si necesitáis leyes para no mataros entre vosotros?«. Para los Wyandot, la verdadera libertad es la capacidad de actuar por sentido común y respeto mutuo, no por miedo al castigo de un rey o un Dios lejano.
Kondiaronk analiza la religión y la política europea y llega a una conclusión brutal: los europeos pasan la vida haciendo lo que no quieren y diciendo lo que no piensan. Vivimos en una «modernidad líquida» de apariencias, mientras que ellos viven en la solidez de la palabra dada.
¿Y si el «salvaje» fuera el que tiene las respuestas y el «civilizado» el que vive en la oscuridad? Estos diálogos de 1703 entre Lahontan y el indio Kondiaronk son una bofetada de sentido común que predijo todos nuestros males: la obsesión por el dinero, la falta de libertad real y la hipocresía de nuestras leyes. ¿Somos más avanzados por tener iPhones, o somos más pobres por haber olvidado cómo vivir sin cadenas? ¡Tened cuidado: leer a Kondiaronk puede hacer que queráis quemar vuestras cuentas bancarias!.



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