
¿Podemos juzgar las culturas ajenas sin ser unos arrogantes? Esa es la pregunta y la tesis fundamental de la antropóloga Britt-Marie Thurén. Entre el «todo vale» del relativismo y el «yo te enseño a ser libre» del feminismo occidental, existe un camino difícil: la observación sensible y profunda. La verdadera liberación no se exporta, se entiende desde dentro. Un dardo contra el etnocentrismo y el silencio cómplice.
En primer lugar, nos avisa del peligro del relativismo paralizador. Esa trampa en la que caen algunos investigadores que, bajo el pretexto de respetar la cultura ajena, se encogen de hombros ante la injusticia. Una antropología sin motivación política es una antropología muerta, un mero coleccionismo de costumbres. Si no somos capaces de señalar la desigualdad donde la vemos, nos convertimos en cómplices de seda.
Pero —y aquí viene el dardo—,asimismo, Thurén nos advierte contra el etnocentrismo del rescate. Se refiere a ese feminismo occidental que llega a otros rincones del mundo con la receta de la liberación ya cocinada, sin preguntar antes qué significa ser libre para las mujeres de allí. Es la idea de que la mujer no occidental es una «víctima perpetua» que espera a que una mente ilustrada de París o Nueva York le explique su opresión.
Lo que Thurén propone a través de sus trabajos es un análisis de bisturí. No basta con decir «los hombres oprimen a las mujeres»; eso es un eslogan, no una ciencia. Hay que mirar la historia de ese pueblo, su economía, sus leyes y, sobre todo, escuchar sus propias percepciones. A veces, lo que para nosotros es una cadena, para ellas es un escudo de identidad frente al imperialismo; y lo que nosotros vemos como progreso, ellas lo ven como una nueva forma de esclavitud. Entender sensiblemente no es dar la razón a todo, es tener la humildad de no dar nada por sentado.
La mayoría de la gente prefiere las respuestas sencillas: o todos somos iguales o cada uno es de su padre y de su madre. Thurén nos dice que la verdad es un terreno pantanoso. Antes de intentar salvar el mundo, debemos asegurarnos de que no estamos intentando convertirlo en un espejo de nosotros mismos. La verdadera antropología es la que te permite ver el mundo a través de los ojos de alguien que no piensa como tú, sin por ello perder tu propia brújula moral.



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