
Los Salish nos dan la explicación más poética y, a la vez, la más absurda sobre por qué no nos entendemos: ¡por un debate ornitológico!
La historia es magistral: cuenta que, al principio, todos los seres humanos hablaban una sola lengua. Un día, una gran bandada de patos cruzó el cielo. Entonces surgió la duda: ¿de dónde viene ese silbido rítmico que escuchamos? Unos decían que era el aire pasando por el pico de las aves; otros juraban que era el roce de las plumas contra el viento.
La discusión escaló. No era solo una duda científica, era una cuestión de honor. El grupo se dividió en dos facciones irreconciliables. La rabia fue tal que el Creador (o la propia naturaleza de la discordia) hizo que cada bando empezara a hablar un idioma distinto para que ni siquiera pudieran seguir peleando por la misma tontería. Los Salish nos dicen algo profundo: las lenguas nacen cuando dejamos de ponernos de acuerdo sobre cómo percibir el mundo. La lengua es, en su origen, una frontera levantada por una opinión.



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