
¡Gustau Nerín! ¡El gran Gustau Nerín! Este hombre no escribe con tinta, escribe con ácido sulfúrico. Y ni os imagináis cuánto se lo agradezco. Este libro es la Biblia de la hipocresía humanitaria. Nerín desnuda al cooperante y deja al descubierto que bajo el chaleco de la ONG a menudo no hay más que un narcisista con complejo de Dios y con ganas de hacerse fotos con niños desnutridos.
Nerín pone el dedo en la llaga supurante de la cooperación internacional. Su tesis es tan clara como dolorosa: el mundo de la ayuda humanitaria es el nuevo colonialismo, pero con mejores relaciones públicas. El «blanco bueno» llega a África no para solucionar problemas, sino para consumirlos. África se ha convertido en el gimnasio moral de Occidente, donde vamos a «limpiar nuestra conciencia» a cambio de un sueldo libre de impuestos y una superioridad ética de diseño.
Lo que Nerín denuncia con maestría es la industria de la miseria. Ese circo donde se subvencionan proyectos absurdos que nadie necesita, mientras los «expertos» viven en burbujas con aire acondicionado, bebiendo ginebra cara y quejándose de lo lento que avanza el continente. Es la erótica de la ayuda: nosotros necesitamos que ellos sigan siendo pobres para poder seguir siendo «buenos». Si el negro deja de ser pobre, el blanco se queda sin su razón de ser, sin su foto de perfil de LinkedIn y sin su halo de santidad secular. Es el cinismo elevado a política de Estado.




Deja una respuesta